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VENDO PORTUGUÉS CABREADO. Y REGALO FRANCÉS PROBLEMÁTICO

Está el Madrid revuelto y aquí, cuando merengues o azulgranas tosen, todos pillamos un catarro. Y está la cosa más revuelta porque no hay Liga, ni Champions ni nada, sólo un par de amistosos el fin de semana, así que podemos hablar todo lo que nos de la gana de esta Liga rosa nuestra, o negra, visto lo del chantaje y demás en lo que está implicado Benzema. Y, por supuesto, está Ronaldo encantado consigo mismo porque pocas veces ha juntado más portadas de todos los colores. Así que yo, una vez amortizado el astro y contento por sus múltiples apariciones en fotos grandes, le pongo un lacito rojo y lo mando a París.

Pues sí. No porque piense que sea malo o que esté acabado o qué se yo la barbaridad de cosas que se están diciendo, algunas de ellas bastante bárbaras. No. Eso me da igual, en serio; es perfectamente normal que un jugador que ha tenido un rendimiento estratosférico durante seis años seguidos, tenga ahora un mes malo. ¿Y? Se le sienta, que descanse un par de jornadas, que se me ponga en condiciones y que vuelva a salir al campo a comerse a sus rivales.

Otra cosa es que yo, en el pellejo del Real Madrid, lo vendiera.

Ojo, he dicho en el del Real Madrid, no en el de su presidente y su banda de palmeros que le ríe las gracias hasta cuando no las dice. No, hablo del club. Ese que presume de ser más señor que nadie; de estar por encima de cualquier jugador; ese que no tolera no sé qué comportamientos porque no son dignos de él; ese que presume de ser el lugar al que todos quieren ir y del que ninguno se quiere marchar. Cosa esta última que, por cierto, ya va siendo hora de retirar de las campañas de marketing blancas, porque mitos madridistas como Casillas (Oporto), Raúl (Cosmos), Míchel, Butragueño (At. Celaya) o hasta su divino Juanito (Málaga) no se retiraron en su casa, si no allá donde los quisieron.

Ahora dicen que Ronaldo está triste, que no tiene sintonía con su entrenador, que no se siente arropado por el club, que…. Han sido tantas las cosas, que ya he perdido la cuenta, en serio, pero muchos son detalles que llenan horas de debate y que se alejan mucho de la realidad: hablamos de futbolistas profesionales. A los que por supuesto que hay que mimar, cuidar y procurar que estén cuanto más contentos mejor, mucho más en el caso de un jugador excepcional como Ronaldo. Pero, como de costumbre, se nos olvida la palabra “profesional”. Es decir, te debes a un club, que está por encima de tí (ganó 9 Copas de Europa sin ti, chaval, no se te olvide) y que estará por encima del que venga. Y si ese club, equivocadamente o no, te ha puesto un entrenador que no te gusta, pues te jodes. Dicho mal y pronto. Pero te jodes. Y si no van a ver tu documental en Londres, pues se lo cuentas cuando vuelvas.

Y no es éste el peor. Ojalá. Hay uno que además de tener un serio problema con eso de conducir dentro de los márgenes que marca la ley, ahora está enredado en líos de chantajes; presuntamente, pero está: es su nombre el que ha aparecido, no el mío ni el de Javi Guerra, por ejemplo. Hay otro que sale el bocas de su representante diciendo que es que tiene que jugar más, que será por que tú lo digas; no hablemos ya del intocable que es la octava maravilla del mundo y no se había inventado el fútbol hasta que él fichó por el Madrid; o el colombiano que se lesiona cada mes y medio o el famoso “Expreso de Galesque empezó como lateral izquierdo, aquí llegó como extremo y ahora nadie sabe dónde ponerle, ni su entrenador, ni sus representantes ni los tertulianos de cada día.

Vamos, que está el horno fino. Así que, aprovechando el dato estadístico de que ya tiene 30 años y (las leyes del fútbol están para todos, a Cruyff también le pasó) que lo más probable es que no vuelva a dar el extraordinario rendimiento de los últimos años, yo le sacaría gustosamente 120 o 130 kilos al Paris Saint Germain o al Chelsea o al Slask Wroclaw si me los pagara, y me quedaría tan ancho. Allá donde vaya jugará bien, porque este tío es muy bueno y va a seguir jugando muy bien unos cuantos años más, pero a mí me habrá dado las mejores temporadas de su carrera, un par de títulos y un montón de pasta para rearmar el equipo desde abajo, montando un bloque que pueda asustar a cualquiera.

Y de paso le mando un mensaje al presunto colaborador en un chantaje, al niñito que quiere jugar más o si no me enfado y no respiro y, en definitiva, a toda la retahíla de jugadores que se aferra a la camiseta blanca como si realmente la mereciera: si he largado al mejor, piensa a ver qué puedo hacer contigo.

A ver si espabilas.

 

 

LA CONCHA DEL CLÁSICO

Como no podía ser de otra forma, cada vez que se toca a alguien de Madrid o Barcelona, nuestro fútbol arde. En esta ocasión le ha tocado a Mascherano, ese gran centrocampista que juega de defensa y que soltó un muy argentino “la concha de tu madre” la pasada jornada de Liga, lo que le ha costado 2 partidos de sanción. Podían haber sido 4, pero es que el tercero es contra el Madrid, y ya advirtió el jefe de la Liga, Javier Tebas, que le dolería no verle en el campo. Y mira, a estas alturas, a mí ya que no me cuenten películas: son todos una auténtica banda.

Estos días hemos oído, visto y leído comparaciones entre las sanciones a uno y otro bando; que si la expresión es algo cultural; que si tampoco es para tanto; que si en realidad la concha era de su hermana y no de su madre (como si importara la propietaria), que si las persecuciones, que si los robos, que si el villarato, que si el tebato, que si… Cuando todo esto se resume en un simple y sencillo vocablo, que creo que aún no está en el diccionario de la RAE pero que no andará muy lejos porque sí está en la calle a todas horas: ¡BOCACHANCLA!

Porque si un fulano al que irónicamente llaman “El jefecito”, por aquello de que manda en el campo, se calla la boca, aquí no pasa nada.

Si un deportista profesional, por mucha pulsación acelerada que tenga (que se aceleran, claro que se aceleran) es lo bastante profesional como para saber a quién le tiene que mentar la parentela, ya sea viva o muerta, en español, en argentino o en eslovaco, aquí no pasa nada.

Si un presidente de una Liga de fútbol profesional ejerce de tal y se calla la boca y deja que los árbitros y los comités hagan su trabajo, aquí no pasa nada.

Si  los comités de turno le ponen 4 partidos y le dicen que a la próxima que insulte a un árbitro, le mente a la hermana, la prima, la sobrina de Cuenca o hasta las tetas de Katy Perry, le caerán 8, por listo, aquí no pasa nada.

Si los clubes profesionales se comportan como tales, pillan al bocachancla por banda y le advierten que a la próxima que le echen por insultar a un árbitro le cascan un mes sin empleo ni sueldo, aquí no pasa nada. Y a lo mejor, la jornada que viene tampoco.

Pero, claro, para eso tendríamos que tener un fútbol de verdad. Donde salga caro (pero caro de cojones) insultar a un árbitro o mencionarle cualquier parte de sus familiares femeninos, vamos. Donde los jugadores sepan tener la boquita cerrada porque como la abran les va a caer la del pulpo. Donde los directivos se limiten a dirigir, pero bien (no con escándalos de partidos amañados, clubes en quiebra, horarios de locura, acusaciones de corrupción, declaraciones fuera de tono, y un más que larguísimo etcétera) y apoyen a los jueces de su competición. Donde los clubes dejen de ser abuelos consentidores de las gilipolleces de sus niños caprichosos y se conviertan en padres que los lleven por donde deben y dejen de apoyarles cuando hacen memeces como éstas.

Y como no lo tenemos, tenemos a un “Jefecito” que insulta a un árbitro. Si éste es el de la jerarquía en el centro del campo y el que manda y organiza, qué no hará el resto de la banda.

 

LA SAETA RUBIA NO VOLARÁ MÁS

Saeta

La saeta rubia por fin se ha clavado en la tierra. Alfredo Di Stefano, el primero de los cuatro más grandes de la Historia del fútbol, murió el lunes 7 de julio. Y con él murió un pedacito de los aficionados al fútbol, que han perdido al que muchos han definido como el más grande.

No le vi jugar, salvo en la redifusión de un partido, la final de la Copa de Europa ganada al Eintracht de Frankfurt, tenida por muchos como la mejor de la historia. Comentando el partido estaban varios ex jugadores y, como a los 20 minutos, el narrador se dirigió a Di Stefano y le preguntó:

-¿Qué le parece el partido hasta ahora, don Alfredo?

-Una mierda. Todavía no he tocado el balón…

Aquel día metió 3 goles.

Alfreo Di Stefano como jugador de River

Me dicen quienes sí le vieron que era el más grande. Que era más completo que Pelé, menos egoísta en el campo, capaz de despejar defendiendo un córner y montar un contraataque… y correr para llegar a tiempo de rematarlo. Que Maradona y Cruyff, aun estando por encima de todos los demás, estaban un peldaño por debajo de él. Ganó de todo, con River Plate, Millonarios de Bogotá y el Real Madrid, amontonando en casa ligas, Copas de Europa, copas y hasta la primera Intercontinental. Su figura ha pasado a la historia a través de sus frases (memorable la del campo encharcado en Bilbao), de su no-fichaje por el Barcelona (las malas lenguas aseguran que es ahí donde comenzó la rivalidad y el odio entre ambos equipos), su paso por los banquillos, lo malo que era como comentarista (porque es verdad, en eso era muy malo) y de cómo Florentino Pérez lo recuperó para el Madrid haciéndolo presidente de honor. Apodado “la saeta rubia” porque era tan rápido como una flecha, se convirtió en el primero de esos que los niños quieren imitar, de esos a los que todo el mundo admira, sea del equipo que sea, de esos que se trata con veneración vayan al campo al que vayan.

Hoy en día cada vez quedan menos aficionados que le hayan visto jugar en directo. Y aun así, se sigue diciendo que era el mejor de todos, mejor que auténticos mitos como Maradona, Cruyff, Pelé, Garrincha, Beckenbauer, Müller, Best, Bobby Charlton, Puskas, Koscis, Koppa, Mazzola, Panenka, Riva, Suárez, Eusebio, Vavá… Ese es, sin duda, el gran mérito de Di Stefano, hacerlo tan sumamente bien, que quienes no le hemos visto le hemos puesto igualmente en un pedestal. Ese ha sido su mejor gol.

Y nos ha encantado que nos lo haya marcado. Adiós, don Alfredo

 

 

 

#MUNDIAL2014: VERGÜENZA ABSOLUTA

Va esto a cuenta de, lógicamente, el caos en el que se ha sumido Brasil. Un país que vive por y para el fútbol, que seguía llorando por un subcampeonato logrado en 1950 y que encumbra a cualquiera capaz de ponerse la camiseta amarilla y hacer algo con el balón en los pies. El problema es que esta vez no lo ha hecho nadie. Y eso a Brasil le duele mucho. Tanto como los siete goles que les metió Alemania y que han hecho, oh, maravilla, que aquellos que sufrieron en el 50 hayan sido, por fin, perdonados.

1-0: Carlos Alberto Parreira. El director técnico de la selección dijo “ya estamos acariciando la copa”… ¡¡¡¡en mayo!!!! Tradicionalmente Brasil siempre ha mirado por encima del hombro a todos los demás, considerándose superior. Claro que antes lo era, la lista de jugadores legendarios y de títulos les hacía estar un peldaño por encima del resto. Pero Luiz Gustavo no es Falcao ni Fred es Romario, más quisieran. Así que esta vez Brasil salió con su tradicional soberbia pero sin su tradicional fútbol. Y así le fue.

2-0: Luiz Felipe Scolari. Se han escrito ríos de tinta sobre el seleccionador brasileño que encima, después de la que ha liado, dice que no dimite. Anclado en un sistema que no valía, se limitó a confiar en un bloque que daba para lo que daba, y a pelear contra el mundo: que si Diego Costa, que si los árbitros, que si Neymar, que si el favorito era España, que si… lo que quiera, menos fútbol. Su dirección de los partidos ha sido plana y guiada con un mismo argumento que no ha cambiado nunca fuera como fuera el partido: sus cambios se limitaron a quitar un jugador y poner otro exactamente igual, con lo que el resultado era exactamente igual. Nada.

3-0: Copa Confederaciones. Brasil ganó la Copa disputada el año pasado en su país, esa especie de mundialito de campeones que se montó la FIFA hace unos años. Pero lo hizo engañosamente, aprovechándose de la permisividad arbitral que hizo que en la final Oscar diera todas las patadas del mundo, Hulk atropellara defensas españoles como si no costara y que Brasil pensara que, gracias a que Neymar hizo un buen partido, era campeón… del año siguiente.

4-0: Croacia. Sí, ya sé que perdió 3-1 en el primer partido, pero el penalti pitado sobre Fred, un escandaloso regalo visto que Brasil no era capaz de pasar del empate, acabó haciendo mucho daño. No sólo hizo que mucha gente se pusiera en contra, sino que además se empezara a dudar ya de la calidad de una selección que tenía nombres, y tampoco muchos, y que necesitaba ayudas arbitrales. Es cierto que luego la cosa no fue para tanto, pero el nerviosismo creado en torno a un equipo que necesitaba regalos semejantes hizo que ellos mismos acabaran hablando más de los árbitros que de otra cosa.

5-0: Marco. Los brasileños han llorado más en los partidos que el pobre Marco buscando a su madre. Ya es mala cosa que se hable de que 3 psicólogas (¡3! no una, no, ¡3!) se pasan medio Mundial con ellos, pero es que la tanda de penaltis contra Chile fue demoledora: el portero llorando antes de empezar; el capitán (¡el capitán, por dios!) llorando, negándose a tirar y apartándose del resto… Las lágrimas han salido con más facilidad en este Mundial que en la película en la que muere Sissi Emperatriz y eso habla, mucho y muy mal, de la capacidad mental de un grupo de supuestos jugadores profesionales de élite. Cuando Müller marcó el primer gol a los 11 minutos, todo Brasil se rindió incondicionalmente y ni siquiera tuvieron coraje para enfadarse con quien les estaba bañando y dar una mala patada. En el descanso, con un lapidario 0-5, la mayoría estaba… llorando, sí.

6-0: Fred. Le ha caído encima el peso de todo el país. Si en 1950 fue Barbosa, el portero, el señalado (se le prohibió la entrada a Maracaná de por vida), ahora ha sido Fred el elegido como cabeza de turco. Cierto que el delantero no llega ni de lejos a la altura de otros ilustres 9, pero no ha sido el único. Luiz Gustavo, Ramires, Jo, Paulinho o Bernard no podrían ni soñar con ser internacionales hace unos años, y otros de presunta más calidad, como Oscar, Dante, Hulk o Alves no han estado a la altura. Neymar cumplió, pero sabiendo que era la única arma de Brasil, estaba claro que alguien se lo iba a cargar tarde o temprano; David Luiz, Julio César o Marcelo, que lo hicieron bien varios partidos, naufragaron estrepitosamente cuando más falta hacían; Thiago Silva, el capitán que pese a sus lloriqueos mantuvo el tipo en defensa, se perdió la semifinal por sanción al ver su segunda amarilla en una estúpida acción que pudo haber evitado en el partido de cuartos. Puede que a Fred le abucheara todo el mundo, pero eso ha sido sólo el principio.

7-0: Dunga. En representación de todos los ex jugadores que han salido primero hablando (y luego ya pegando voces directamente) acerca del desastre. Cafú, Ronaldo… todos los que han hecho algo con la selección han admitido haber sufrido más presión que éstos, haber tenido que sobreponerse a públicos en contra e incluso a rivales más potentes. Dunga, que fuera capitán en 1994, aseguró lapidariamente que “nosotros sí teníamos presión, hacía 24 años que Brasil no ganaba un Mundial“.

7-1: Alemania. Es decir, el primer rival de entidad serio con el que se ha topado. A Croacia le robó el árbitro; México les aguantó y les empató; Camerún, tal y como llegó, no era rival y de hecho no lo fue; Chile los puso contra las cuerdas y a punto estuvo de enviarlos a casa si el trastazo de Pinilla en el último minuto de la prórroga no se llega a estrellar contra el larguero, y Colombia acusó su juventud y sus nervios, porque cuando se puso a jugar como sabe, los acorraló y casi los hunde. Cuando llegó una Alemania sólida, concienzuda, con el partido preparado, dura mentalmente, llena de buenos jugadores de verdad capaces de mantener un ritmo vivo durante los 90 minutos… los destrozó, literalmente.

Y espérate a ver a qué altura llega este destrozo. Tras la derrota de 1950, Brasil cambió su uniforme, sustituyendo su camiseta blanca por una amarilla. No me extrañaría verlos vestidos de verde en el próximo encuentro… si es que se presentan a jugarlo.

 

 

#MUNDIAL2014: VAN PERSIE ELIMINA A LA CAMPEONA

Cierto, España perdió 2-0 contra Chile y quedó eliminada del Mundial de Brasil. Es la primera en caer y curiosamente la que lo hace desde lo más alto, ya que es la actual campeona. Y, cierto también, el título habla de Van Persie y no de Chile, porque me da la sensación de que a nosotros nos ha eliminado el remate del delantero holandés.

Recreamos la escena. Tenemos a un equipo campeón que va por delante en el marcador, a un delantero sobrevalorado y, de repente, un lateral que hasta el momento es más conocido por ser hijo de quien es que por otra cosa, coge la pelota. España recula lentamente, guapa para la foto, mientras Daley Blind manda lo que parece un castañazo a ninguna parte, algo que se convierte de pronto en un centro medido a la cabeza de un tío que se ha escapado de toda la defensa y que, cuando ve caer el balón del cielo, prefiere meter la cabeza y rematar casi desde el punto de penalti, porque Casillas no está donde debería estar. El resto, eliminación incluida, es historia conocida.

Y me remito al gol de Van Persie porque para mí refleja lo que ha sido la selección española en este Mundial. No ha estado en su sitio. Nunca. Ni antes, ni durante y espérate a ver después. La lista de jugadores convocados, salvo cuatro o cinco, era la lógica que todos hubiéramos hecho. Ahora se habla mucho de Llorente, de Isco, de Carvajal o Negredo, pero lo cierto es que el grueso de la selección es el que todos hubiéramos llevado. O sea, que el fallo no ha estado ahí. La mayoría de ellos han llegado hasta el final en las competiciones que han afrontado con sus clubes, así que es normal que acusen la acumulación de partidos… exactamente igual que la acusan sus rivales de hoy y compañeros de equipo de ayer, que jugaron los mismos partidos y levantaron los mismos trofeos, sólo que ellos corrieron, no caminaron. Ha habido mucho calor, pero para todos; otra cosa es que algunos se entrenaran en la playa y España en una ciudad donde llovía y hacía el frío de Valladolid en octubre.

No, el fallo no ha estado en todas esas cosas. El fallo ha estado en no ver muchos de ellos, pequeñitos, casi microscópicos, que se han sumado a uno más grande. Mucho más grande y que además tiene el agravante de que no sólo no lo van a reconocer en la vida, sino que a fuerza de negarlo, van a terminar por convencer a la gente: ha faltado actitud. Estos no han ido a jugar un Mundial, no esta vez. Estos han ido para allá porque alguien se lo ha dicho; alguien les ha dicho que los favoritos eran Brasil y Alemania y se lo han creído, así que han dejado pasar los partidos hasta la hora de volver a casa.

No he visto ni un solo (¡ni uno!) gesto de rabia de verdad. No el típico “vamos, vamos” de las palmaditas que queda tan bien en la cámara superlenta. No, hablo de un gesto de verdad, un arranque incluso de ira: un disparo desde cuarenta metros pero que le has pegado con todas tus ganas y casi rompes el balón; una entrada a destiempo que indique que te estás cabreando mucho; alguien empujando en el área contraria, una protesta airada, un patadón… No lo sé, algo de eso que ves en otros campos en otros partidos a otros equipos. Pero repaso el vergonzoso 1-5 y el desesperante 2-0 y no veo nada, no veo a nadie de los que salieron al campo con el arrojo para pelear en el barro y a navaja abierta; la desesperación porque nos están dando para el pelo y yo soy el campeón y a mí esto no me lo haces, chaval. Al menos no con los tobillos intactos.

No se trata de recurrir el manido recurso de la testosterona. Al fin y al cabo, esta selección empezó a ganar cuando se empezó a mover fríamente, llevando el balón a un lado y a otro y jugando con el tiempo de tal manera que desesperaba y encendía hasta a sus propios aficionados. Pero además de tener la frialdad para jugar así, un campeón debe tener corazón, orgullo y raza suficiente para mandarlo todo al carajo y hacerlo de otra manera si eso no funciona. No salir medio muerta al campo y que, cuando un centro bien dado pase por encima de tus cabezas y acabe en tu portería porque tu portero está recogiendo uvas desde el pasado mes de mayo, te vengas abajo y ya decidas que tu participación en este Mundial ha terminado.

Esta selección nos ha dado mucho, cierto; nos ha hecho soñar con que nosotros también podíamos ganar como los alemanes o los italianos. Hemos ganado un Mundial y dos Eurocopas seguidas, hemos ido más lejos que nadie durante seis años. Y lo han hecho la mayoría de los que están en Brasil, eso también es cierto y nadie lo va a olvidar. Ni va a decir que son malos, porque no lo son. Pero esta vez lo han hecho mal. Muy mal.

Y un campeón tiene la obligación de, además de sacar pecho para lucir su estrella en la foto de antes de empezar, que queda muy mona, demostrar en el campo que al menos sabe hacer las cosas bien. España ha tenido dos partidos para hacerlo y no lo ha hecho en ninguno de los dos. Por eso nos vamos para casa. Porque esta vez, a diferencia de otros campeonatos, hemos dejado que Blind centrase y Van Persie rematase. Y hemos creído que ahí se acababa todo.

Qué razón teníamos.

 

 

LAS CARCAJADAS DE JUPP HEYNCKES

Imagino que no lo hará, porque es un caballero y además es un señor de una edad ya respetable. Pero cuando Ronaldo metió el 0-4 lanzando esa falta de risa, me acordé de él. Bueno, de Neuer también, porque comprendo su cara de tonto (a mí me la hicieron así una vez; otra directamente se largaron por pies). Pero me acordé de Jupp Heynckes, el antiguo entrenador de los bávaros, y me lo imaginé a carcajada limpia en su sofá, o tal vez incluso de pie, dando un corte de manga a la tele y diciendo aquello de “toma por listo”, a Beckenbauer, Hoeness, Rumennigge, Sammer y todas las cabezas pensantes que decidieron cambiarle por el filósofo, como dijera Ibrahimovic.

Yo lo habría hecho. Hubiera empezado a cervezas con cada gol blanco (a la media hora llevaría tres pintas, por cierto), quizá algo de champán y ya, directamente, tequila con vodka o algo así para celebrar que el Bayern murió de éxito, que se empeñó en cambiar lo que no debía cambiar y que se llevó los palos que merecía por una decisión que, visto lo visto, ha sido absurda y no les ha servido de nada.

Los palos a Guardiola no son por haber perdido. Ni siquiera por haber sufrido una vergonzosa derrota. Son por cabezón. Directamente. Fuimos unos cuantos los que dijimos que era un riesgo tocar nada en un equipo que se había mostrado perfecto pero que no era, en absoluto, el Barcelona, y que tenía jugadores completamente diferentes. Vamos, que Dante no era Piqué. Pero Guardiola se mantuvo fiel a sus ideas y se empeñó en que el Bayern tenía que sobar la pelota, lo cual suponía un desperdicio de jugadores que estaban acostumbrados a otra cosa. Hace un año Müller asombraba a Europa; Kroos sonaba para la mitad de la Premier; Ribery era candidato al Balón de Oro… Ayer, sólo Gotze, el recién llegado, tuvo un detalle de calidad en el área, llevándose el balón en una baldosa rodeado de contrarios hasta que pudo rematar, y Pizarro, el veterano delantero peruano, tuvo un arranque de orgullo y se comió a dos madridistas en un intento de remate de cabeza. No remató, pero los otros dos se cayeron al suelo.

Eso era el Bayern. El Bayern de siempre rugía, achuchaba, te empujaba, hasta te pegaba y te ganaba porque era muy bueno y porque además tenía ese plus de fiereza teutona (a veces bien entendida, otras no) que te sacaba de un partido y hacía que pidieras la hora desde el minuto 3, fueras ganando o perdiendo. El Bayern de hoy es un equipo frío, lejano, muy de salón pero poco de barro. Y a veces, y más cuando te enfrentas a un grande como el Real Madrid, tienes que mandar a la mitad de tu gente a pelear en el barro para que los del salón puedan lucirse bien bonitos.

Poner a Lahm de mediocentro casi doce años después de que debutase suena a intento de demostrar que soy mejor que los demás, que no se dieron cuenta de que el probablemente mejor lateral derecho de Europa era, en realidad, centrocampista. Cambiar la forma de juego que te ha llevado hasta semifinales para dejar a Müller en el banquillo en la ida, o infrautilizar a Gotze, suena a entrenador pequeño. Y, por cierto, tanto método, tanto análisis propio y del rival, y no es capaz de conseguir que la barrera se quede quieta cuando tiene que estarlo. Se hubiera ahorrado el humillante 0-4.

El Madrid no hizo nada de eso. Ni en la ida ni en la vuelta. Hizo, simple y llanamente, lo que tenía que hacer, jugar como mejor debe para imponer la enorme calidad que atesora. Y jugó muy bien los dos partidos. Muy bien. Hoy por hoy es un regalo para cualquier entrenador italiano, amante de una férrea defensa, de un centro de campo sólido y con jugadores capaces de hacer daño arriba. Ancelotti se ríe porque está reviviendo sus mejores días del Milan, salvo por el hecho de que ahora tiene mejor equipo que entonces. A rachas a lo largo de la temporada ha contentado a su presidente, a la prensa, a los aficionados que pedían alinear a los del Castilla, a sus figuras, al imbécil de Di María y encima manteniéndose firme aunque truene: Diego López sigue siendo titular en la Liga. Y ahora se encuentra campeón de Copa, finalista de la Champions y echándole aún el aliento en el cogote al Atlético en la Liga. Este tío era listo jugando; va a ser que igual también es listo entrenando, más allá de que guste o no guste su estilo, porque de momento colecciona copas como otros sellos.

El Madrid ha encontrado la mejor fórmula para aprovechar la velocidad y la calidad de sus jugadores de arriba, dando pasto y terreno a Bale y Ronaldo. Se ha armado atrás, independientemente de que esté Casillas o López, porque la defensa (Carvajal, Ramos, Pepe y Coentrao) defiende, apoya a los de delante y sobre todo se apoya a sí misma, de manera que ya es muy difícil hacer un dos contra uno. Y además se encontró con un rival que no supo buscarle las cosquillas por las bandas (Robben y Ribery dieron pena), salió con un delantero cuando tenía que remontar y se limitó a pasear la pelota para los lados a ver si a alguien se le encendía la bombilla.

Y como a este Madrid le plantees un partido así, se te descacharra de risa antes de empezar. Como debió hacer Jupp Henyckes, que, seguramente, seguirá riéndose hasta el domingo. Y con toda la razón del mundo.

 

 

QUÉ COPA MÁS RICA

Ciclo.

(Del lat. cyclus, y este del gr. κύκλος, círculo).

1. m. Período de tiempo o cierto número de años que, acabados, se vuelven a contar de nuevo.

2. m. Serie de fases por las que pasa un fenómeno periódico.

3. m. Conjunto de una serie de fenómenos u operaciones que se repiten ordenadamente.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua española no miente. Y lo que se vio ayer en el campo del Valencia, en la final de la Copa del Rey que el Real Madrid le ganó al Barcelona por 2-1, tampoco. Ha habido un cierto número de años que, ahora, tras lo visto en el terreno de juego, hay que empezar a contar otra vez. Por mucho que no haya que exagerar, que los más acérrimos se nieguen a verlo o que de puertas para afuera se apele a la tranquilidad, aquí hay que parar, poner el reloj a cero, respirar hondo y volver a empezar.

El Real Madrid ganó porque fue mejor. Porque, sobre todo, supo jugar el partido que tenía que jugar a la perfección, haciendo exactamente lo que tenía que hacer para que pasara esto, incluida esa pizca de suerte que tienen todos los campeones, entre otras cosas porque se la han buscado antes. Y, esta vez, hubiese sido tremendamente injusto que el tiro a un poste de Neymar cuando agonizaba el partido hubiese acabado dentro. Pero el fútbol, voluble, cruel y caprichoso, a veces es justo.

Y el Barcelona perdió porque fue peor. No peor que el Madrid (eso es obvio) sino peor que sí mismo. Ninguno de sus jugadores ha estado a la altura a la que tenía que estar; alguno, de hecho, ni siquiera ha estado. No sólo ayer, sino en el último mes y medio. Sigue siendo un equipo que reúne a jugadores de mucha calidad y que ha ganado todo, y que, por eso mismo, merece el respeto que le dan sus rivales desde el minuto 1 hasta el 90. Pero ha ganado, en pasado, y ahora se sabe que se le puede meter mano y se le puede hacer mucho daño; sobre todo, si delante tienes jugadores del nivel de los madridistas. Entonces es cuando, además de ganarles, les quitas los títulos.

Tocar y tocar el balón, y llevarlo de un lado a otro del área está muy bien sobre todo si luego acabas entrando en la defensa contraria, a la que has descolocado con tanto movimiento. Si no lo haces, y el Barcelona ayer no lo hizo, lo que haces es pasar el balón, moverte despacito no te vayas a cansar y tener enfrente a un equipo perfectamente colocado que te la va armar en cuanto te la quite. Y el gran problema de los rivales del Madrid de hoy es que te la puede armar con muy poco: incluso desde su campo, mismamente. El Barcelona siguió aferrado a su idea de juego, pero sin darse cuenta (ni los del campo ni, lo que es peor, los del banquillo) que la cosa ya no funcionaba porque Cesc estuvo perdido entre líneas, Neymar no pudo nunca con sus pares, Iniesta no logró romper líneas y Xavi dio un pasito atrás, suficiente para desatascar a sus compañeros pero insuficiente para ayudarles a hacer algo más. Messi, digan lo que digan, directamente no estuvo.

El Madrid estuvo, en cambio, a lo que tenía que estar. Su defensa estuvo no sólo firme, sino atenta para tapar esos huecos que dejaba otras veces, para que los laterales no estuvieran solos y para que su portero estuviera seguro. El centro del campo estuvo juntito, moviéndose hacia atrás y hacia delante y los de arriba estuvieron muy listos para arrancar desde más atrás: una defensa normal no les hubiese aguantado sus oleadas, así que una bajo mínimos como la del Barça… Sin Ronaldo y su poder de intimidación, lo mejor que pudo hacer fue explotar la velocidad de Bale, Di María y Benzema, más contra una defensa cogida con alfileres: Alves no baja, Mascherano es más lento que todos los del Madrid y Bartra, además, salía de una lesión.

Para colmo, ni siquiera supieron ser vivos: cuando ves que Bale se te va a ir, que lo vimos todos en la tele y supimos cuándo se iba a ir exactamente, no le dejes. Como sea, pero no le dejes. Y si le has dejado y se te va, tírate al suelo en plan ay, mi lesión, qué daño; no quedes para la historia como el tipo que corría detrás de aquella locomotora blanca: Jimmy Algerino, defensa del PSG en los 90, tardó media hora en darse cuenta ante el destrozo que le estaba haciendo Alessandro Del Piero en un escandaloso 6-0 de los italianos y se fue cojeando con 3-0. ¿Lesión? ¿Teatro? Vaya usted a saber: perdió la Supercopa europea, pero salvó su carrera.

La locomotora blanca se va ahora a por el Bayern. Se va con una sonrisa de felicidad que no es sólo por la Copa, es por algo más importante. Porque, acabado el Barcelona y puesto orden en casa, se ha dado cuenta de que en Europa no hay nadie que le pueda toser a dos partidos, salvo quizá ese mismo Bayern. Y se ha dado cuenta de que puede ganar sin Cristiano, sin suplentes (ayer no los tenía, estaban todos lesionados), sin hacer un gran partido o haciéndolo, sin Casillas o con él… como sea, pero sintiendo que este año como que le va bien, como que pobre del contrario…

Y eso le encanta.

 

 

EL REGRESO DEL MALDITO

El Benfica es uno de los tres grandes de Portugal y también uno de los grandes del continente. Como todos, pasa por determinados ciclos en los que está mejor o peor, pero es uno de los pocos equipos que tiene dos Copas de Europa en su haber. Claro que, más que un grande, yo diria más bien un clásico, pero no necesariamente grande. Y quizá no lo sea porque nunca pudo pasar de esas dos Copas, conseguidas hace ahora… 52 años. Más de medio siglo.

Los motivos de esta sequía pueden ser muchos, pero todos acaban (acabamos, para qué negarlo) apuntando a una misma dirección: su antiguo entrenador, el húngaro Bela Guttman (1899-1981). Con él al frente, el Benfica vivió su época dorada: se proclamó campeón de Europa en las temporadas 60-61 y 61-62, imponiéndose a sus vecinos de Barcelona y Real Madrid, respectivamente. Eran otros tiempos, con Eusebio liderando a un equipo de lujo…

Bela Guttman, ex entrenador del Benfica

Bela Guttman

Hasta que sucedió. La directiva decidió despedir al técnico húngaro pese a las victorias europeas, de manera que Guttman, que no se  lo tomó precisamente bien, maldijo al equipo con una lapidaria frase: “nunca volveréis a ganar un título europeo sin mí”.

Eso fue en 1962. Desde entonces, el águila benfiquista no ha vuelto a volar ni el equipo a levantar ningún trofeo continental. Y no será porque no haya tenido jugadores de calidad (Rui Costa, por ejemplo, su actual manager general, era un centrocampista de lujo). Ni tampoco porque no las haya jugado: ¡¡¡perdió hasta 5 finales de la Copa de Europa!!! en las temporadas 62-63 contra el Milan, 64-65 ante el Inter, 67-68 frente al Manchester United, 87-88 ante el PSV Eindhoven y 89-90 frente al Milan. Pero también cayó en la UEFA contra el Anderlecht en la 82-83 y ni siquiera llegó a una final de la ya extinta Recopa. De cosas como la Intercontinental o la Supercopa Europea ni hablamos, porque el balance desde la maldición es desolador: 6 finales en 52 años. Y las 6 perdidas.

Ahora se ha vuelto a clasificar para una, la de la Europa League. Derrotó al Fenerbahçe turco (0-1 en la ida y 3-1 en la vuelta) y se enfrentará al Chelsea. Mal enemigo para acabar con maldiciones, ya que la plantilla inglesa es mejor, es más sólida (vamos, que no se viene abajo si le marcan un gol) y sólo le queda este título para no tener un año horroroso justo cuando se presentaba como vigente campeón de Europa.

Va a ser divertido. Si hablamos de tradiciones del fútbol europeo, ésta, mas que les pese a los benfiquistas, es una de las más grandes. Que una maldición lanzada por un entrenador en 1962 siga vigente en 2013… Habrá que ver si al final de este mes el espíritu de Guttman queda, por fin, tranquilo, o si, una vez más, se reirá a carcajadas del equipo que le echó cuando estaba en lo más alto.

 

 

EL DOLOR DE ILLARRAMENDI

Y no me refiero a sus lágrimas y su emoción, cosa que nunca he entendido cuando un futbolista profesional se va. Entiendo, cómo no, que se haya criado y haya estado un montón de años en el club, pero que llore porque se va al Real Madrid, a jugar Champions, ganar un pastón, que le griten guapo por la calle y le abran la puerta de Pachá… en fin…

No, el dolor de Illarramendi viene a cuenta de sus declaraciones, de la rueda de prensa que ofreció para despedirse. Por Dios, ¡cómo dolía oírle hablar! ¡¡Si no sabe!! En mi vida (y mira que me he chupado ruedas de prensa de futbolistas, en directo, por la tele, por la radio y hasta de espaldas a ellos porque no había sitio entre los compañeros de delante) he escuchado una rueda de prensa más nefasta, donde se amontonen sin orden ni concierto (no creo que haya hilvanado una sola frase con sentido) tópicos, topicazos, “bueno”, “eh”, “creo que”, agradecimientos, lloros, suspiros y más tópicos.

Por favor, de verdad, por su bien y por el bien del fútbol, que el director de comunicación del Real Madrid le pille a la salida del entrenamiento y le ponga hora y cuarto cada día a hablar ante una alcachofa. El socio del Madrid debería exigirlo. El presidente, debería exigirlo. O sea, no puedes presumir de club señor y de soy el más grande y tener en tus filas a un tío que, directamente, no sabe hablar. Y no me vengan con las pijadas de que es muy joven, de que estaba emocionado o todas esas chorradas: a hablar se aprende con dos años, por favor.

De verdad, que ha dolido oírle, en serio. Que es un tío de veinte años, vale, pero coño, que aprenda a hablar… Y luego ya, si eso, le ponéis la camiseta y lo sacáis al campo.

 

 

CÓMO QUE VILLA VALE 5 MILLONES

Me desayuno con el fichaje de Villa por el Atlético de Madrid y se me queda la magdalena un poco de medio lado cuando veo el precio: un máximo de 5,1 millones de euros. El Atlético pagará, además, a plazos, así que este año paga 2,1 millones y Villa se va al Calderón. Y, un par de periódicos más allá, leo que Mario Gómez ficha por la Fiorentina por 20 millones de euros.

Y mi magdalena me pregunta, inquieta: ¿y esto? ¿Cómo que Villa vale 5 millones de euros? ¿Y Mario Gómez 20? ¿Y Tino Costa vale 6, que lo ha vendido el Valencia por 6? ¿Contra quién ha empatado Tino Costa para ser más caro que David Villa? ¿Qué coño de negocios hace el Barcelona si pagó 40 y ahora vende por 5? ¿Y no se supone que quería sacar dinero por Villa para poder fichar a Thiago Silva? Porque con lo que han sacado, pagan al tío que abre la puerta en la oficina, me parece…

Será que soy de letras, pero no lo entiendo. De verdad que no. Un delantero que acaba de hacer los 30, campeón del Mundo y de Europa como titular, de la Champions, de la Liga y la Copa, máximo goleador de la historia de la selección de su país y uno de los mejores futbolistas nacionales, resulta que vale 5,1 millones de euros. Otros (y no hace falta irse al citado Gómez, que al menos ha ganado Liga y Champions, por ejemplo) recién llegados de algún equipo de medio pelo de Argentina o Chile valen diez veces más. Otros que ocupan portadas sin haber hecho nada ni haber ganado nada, como Gareth Bale (recuerdo a los cegados que aún no ha ganado nada, porque juega en un medio-alto de Inglaterra y en una selección floja de verdad), valen una barbaridad más. Y Villa, que tiene una hoja de servicios que firmaríamos todos ahora mismo, que además ha ganado títulos en todos los equipos en los que ha jugado en Primera División (y en el campo, no en el banquillo), vale 5 kilos.

De verdad que no lo entiendo. Espero que alguien me explique qué negocio ha hecho el Barcelona y qué narices está pasando aquí. Bueno, y espero también oír las carcajadas de quien haya logrado empaquetar a un Tino Costa cualquiera por más dinero del que va a pagar el Atlético de Madrid por el máximo goleador de la historia de la selección actualmente campeona del Mundo y de Europa.

 

 

DONDE LAS DAN LAS TOMAN, FLORENTINO

Ya sé que debería hablar del drama del descenso o el baño de multitudes que se ha dado Neymar y todo eso, pero la verdad es que no he podido evitar meterle el dedo en el ojo a alguien después de haber leído, entre café y pincho, una pequeña notita de los compañeros del diario Marca sobre mi “amigo” Higuaín. http://www.marca.com/2013/06/03/futbol/equipos/real_madrid/1370251031.html?a=PRJbd81db3c73e08afb21048c2d2a901683&t=1370300945

Y es que la cosa es que el Madrid está enfadado porque Higuaín ha dicho, con un par, que se quiere ir, que se ha cansado de estar allí y que se pira. Y al Madrid eso le ha sentado fatal, una falta de respeto y una manera equivocada de hacer las cosas y un eso no se dice. Casualmente, lo mismo que hace él. Así que se me vino a la mente enseguida aquella mítica frase de nuestros padres o profesores cuando te decían eso de : “¿A que no te hace gracia que te lo hagan a ti?”

Pues eso es lo que le acaba de pasar a Florentino y su equipo. Porque desde hace unos años para acá, el Madrid exigía a los jugadores que dijeran alto y claro que se querían ir de sus clubes, que su sueño de niños era jugar en el Madrid, que necesitaban nuevos retos, que si patatín, que si patatán… Salvo Figo, por aquello de que lo ficharon por sorpresa, todos pasaron por el trago de ser desagradecidos con su club, de peseteros, de traidores y de todo eso, y sus clubes, por supuesto, pasabn a ser equipos un escalón por debajo del blanco. Todos, desde Zidane hasta Modric, que fue el último que lo hizo, pasando hasta por Beckham, que era entonces el icono del Manchester. Es más, ahora están esperando a que Gareth Bale le diga al Tottenham que se quiere ir.

Y en estas les sale rana uno de los suyos y les devuelve la bofetada. Y claro, eso jode, porque no es bonito que aparezca uno de tus jugadores diciendo que se va, por más contrato que tenga. Como tantas veces hicieron otros, que patalearon hasta que consiguieron lo que querían, que era irse. Así que, amigo Florentino, donde las dan las toman. Y esta vez el Madrid es el que las toma, porque esta vez hay uno que dice que se quiere ir.

Alto y claro. Como le gusta al Madrid. Aunque seguro que ahora no les hace gracia.

 

 

BOTELLAZO GRATUITO. HAY QUE JODERSE

Ha pasado desapercibido, por supuesto, porque estas cosas se procuran tapar rapidito y bien, y porque además es el resultado de una justicia rápida y eficaz donde las haya, ya que el caso del que toca es de ayer tarde; vamos, de marzo de 2008. Pero entre partidos de selecciones, una jornada de Segunda así como de refilón y demás, pues nadie se fijó en esto.

Imagine o más bien recuerde la escena. Betis-Athletic. Botellazo a un portero, sí, de nuevo en el campo del Betis, que les encanta lanzar cosas y luego darse vuelta silbando; portero que se va al suelo con un ojo dañado y el espectáculo de siempre: que si esto no se puede consentir, que si son cuatro tarados, que si la afición del Betis es ejemplar (en puntería por lo menos), que si hay que impedir que vuelva a suceder, que si por Dios dónde vamos a parar.

Y ahora, después de llenarse la boca, las fotos y las tertulias de las radios rasgándose las vestiduras todo aquel que pasaba por allí, tuviera o no algo que ver en el asunto, resulta que cuatro años más tarde sale la sentencia contra el descerebrado que le lanzó una botella al portero del Athletic en aquel entonces, Armando, y le dio. Y le tuvo once días recuperándose de la gracia, con tres puntos de sutura y un ojo lesionado. Y, por supuesto, la sentencia es absolutoria.

Es decir, aquí no ha pasado nada. Al fulano en cuestión, un tal Carmelo P. P. de 42 años (38 tenía el “adolescente” cuando lanzó la botella), le absuelven, porque no tenía intención de alcanzar al jugador. Que entonces ¿para qué coño tira la botellita de los huevos?, me pregunto yo. ¿Y para qué coño se la tiras al jugador? Porque si no quieres dar, haces como los turcos, y tiras de todo pero a la banda, donde sabes que no hay nadie, que así acojonas pero no le rompes la crisma a ningún contrario. Y que además, tengo que entender que el juez supone con esta sentencia que Armando sí tenía intención de que le abriesen la cabeza y se puso debajo de la botella, ¿verdad?

Ya sé que la resolución judicial no tiene nada que ver con el fútbol, pero si todos nos llenamos la boca diciendo que hay que erradicar estas acciones, habrá que tener un poquito de sensibilidad, ¿no? Porque esto ha demostrado que, efectivamente, romperle la cabeza a un contrario sale gratis en este país. Y eso hará que los descerebrados de turno vuelvan a lanzar lo que les salga de las narices a quien ose ponerse bajo una portería o ir a sacar un córner. Total, con decir que yo no quería darle…

Qué pena que eso mismo no le valga a un ciudadano normal cuando, por ejemplo, da un golpe con su coche a otro. O cuando se ha quedado sin dinero para pagar un recibo. Ahí te las devuelven todas y la justicia es recta, inflexible y ciega. Está claro que con la gente del Betis no. O con este tío. O con los cuatro de siempre. O con todo aquel que, en general, arroje cualquier objeto susceptible de hacer daño a un futbolista. Lo que, por cierto, me hace a mí lanzarle algo a estas cosas del fútbol: un escupitajo.

Y ponerme a ver un partido de baloncesto

 

 

NAPRIJED, VIKTORIJA VOJAKOVAC!

Esto viene de Croacia. La verdad es que los croatas ni me van ni me vienen, salvo por el listo que inventó la corbata, que podía haber estado haciendo palomitas ese día, pero últimamente su fútbol me está haciendo gracia, y no por Modric, precisamente. Más bien porque hay directivos como el ex jugador Robert Prosinecki, capaz de anunciar el año pasado que traspasaba a toda su plantilla porque son muy malos, y equipos capaces de contratar a una entrenadora.

La entrenadora croata Tihana MemcicSí, entrenadora. Mujer. Una chica, que no llega a los treinta años. Y que además es guapa y cuando le apetece se pone minifalda: Tihana Memcic.

El equipo, el NK Viktorija Vojakovac, está en categoría regional, pero no ha dudado en contratar a una entrenadora de 24 años. Quien, por cierto, ya ha dicho rápidamente que no hay ningún problema con los jugadores y que acatan sus órdenes como en cualquier otro caso. Como para no: su técnico es internacional por Croacia y lleva diez temporadas enrolada en el Dinamo de Zagreb, así que algo sabrá de esto, digo yo…

La gracia de todo esto viene, no nos vamos a engañar, por lo extraño que es ver a una mujer entrenando a un equipo de hombres. Y porque es muy joven.Y porque además es muy guapa, no en vano compitió en un concurso para designar a la deportista más bella del país. Y aunque las feministas de pastel tienen munición para los dos lados (que si es la demostración de que las mujeres pueden con todo o bien que si los hombres son unos machistas porque la han contratado sólo por ser rubia y mona para llamar la atención), yo me quedo con una cosa: señores, esto es fútbol.

Esto también es fútbol. Un deporte donde las mujeres también juegan, aunque no les hagamos caso; donde también saben y donde, por raro que parezca, hay jugadores a los que no les importa tener a una chica gritándoles que se desmarquen o que cubran al 5.

En serio, parece que la historia es cierta (http://www.publinews.gt/index.php/de-candidata-de-belleza-a-entrenadora-de-futbol/). Pero, aunque no nos la creamos, nos tememos que en las próximas jornadas los aficionados del Viktorija van a estar más tiempo mirando a su banquillo que al partido. Bueno, y los del otro equipo…

(*Naprijed, Viktorija Vojakovac: adelante, Viktorija Vojakovac!)

(Imagen: taringa.net)

 

 

TORMENTA EN EL CANTÁBRICO

El Sporting lleva toda la temporada como el mar Cantábrico en octubre: amenazando, creciendo las olas, soplando el viento, moviéndose las corrientes… hasta que la ola pasa de los cinco metros, el viento de los 100 kilómetros/hora y la tormenta, ahora sí, ha llegado. Y, para los que no sean del norte, las tormentas en el Cantábrico son de las de ver en casa mejor que en ninguna otra parte. Por si acaso, vamos…

Y la derrota ante el Zaragoza ha hecho eso, que la ola pase de los cinco metros, y ha puesto en marcha la tormenta. Tormenta que ya estaba, que venía de antes, pero que siempre creímos que se podría capear más o menos. Pero después de que durante una semana entera jugadores, aficionados, ex jugadores, entrenadores y medios calificasen el partido frente a los maños de crucial, vital, final, decisivo y todo lo que se quiera… el Sporting perdió. Y se queda colista, a tres puntos del Zaragoza y a seis del Villarreal (que pueden ser 9 porque cuando escribo esto aún no ha jugado). Vamos, muy chungo.

Los nervios se han disparado en una ciudad que tiene aún muy reciente su calvario de diez años en Segunda. Y, teniendo un entrenador tan visceral como Clemente, eso se tenía que notar en cualquier oportunidad, léase rueda de prensa… como la de hoy, en la que se ha enzarzado con el compañero Juan Gancedo, de Onda Cero; hasta el punto de que Juan se ha ido de la sala de prensa. La verdad es que el audio, aunque no nos cuenta todo lo ocurrido, no tiene desperdicio… (http://www.marca.com/2012/04/01/futbol/equipos/sporting/1333289200.html),

Aunque no sé cómo fue toda la rueda de prensa (alguna ventaja tenía que tener estar fuera de los medios: a esas horas estaba de aperitivo en familia) hay un momento en que Clemente le dice a Juan “cuidado con lo que escribe”, en el sentido de que hay gente que malinterpreta lo que los periodistas publican, y de ahí en adelante empieza a perderse en divagaciones. Hasta que Juan le dice a Clemente, y me parece que con toda la lógica del mundo: “[…] después de la derrota de ayer y de que el Sporting esté como está, ¿le parece serio venir aquí a hablar de mi hijo?”. Luego la cosa degenera, como en el chiste (aunque esto no sea ninguna broma) y Juan se acaba marchando.

La verdad es que a mí no me parece la mejor manera de desahogarse ni de digerir una dura derrota. Ni me parece que la mejor manera de soltar los nervios sea enzarzándose en una pelea dialéctica en una sala de prensa, la verdad. Entiendo que la situación del Sporting es ahora la ideal para que aparezcan ese tipo de situaciones, pero también que si alguien pretende arreglar esto y salvar al equipo del descenso, no va a ser a gritos ante un micrófono.

Claro que faltará que alguien quiera arreglarlo. Que lo peor es que te dejan con esa duda.

PD – De los entrenadores que se enzarzan con los periodistas ya hablaremos en otro momento. Clemente se llevará la fama, pero los hay que habría que darles de comer aparte, españoles y extranjeros, ilustres y mindundis, ganadores y “descendedores” natos… En fin, como la vida misma.

 

 

OTRO PRESUNTO DELINCUENTE. Y VAN…

La verdad es que me enteré de refilón, y supongo que como yo mucha más gente. Parece ser que Luis Rubiales, presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), tiene que declarar ante el juez el próximo 2 de marzo como imputado por apropiación indebida y delito societario. Le han denunciado miembros de la anterior directiva y él apenas ha dicho nada, más allá de que está muy tranquilo y de que todo es mentira y un cuento. Vamos, que básicamente se trata de que acusan al presi de los jugadores de meter la mano en la caja.

¡Y a nadie le importa! Resulta que los periódicos hablan del dedo gordo de Di María o de si Simeone, un fulano que jugó cinco años en Italia se mide a su ex equipo. Ojo, ex desde hace 7 años, que tiempo lleva el chico retirado. Las televisiones cuentan que los españoles siguen adelante en la Europa League y se van al pueblo de Guardiola a grabar un total con el cura párroco, que es muy simpático y quiere que renueve. Que, también, el entrenador azulgrana podría dejar de ser tan místico, bajar a la tierra un poquito y renovar de una vez por dos años, para evitarnos por esta época el mismo cuento de todos sus jugadores pidiendo ante los micrófonos que siga. Que como baño de masas y hacerse de rogar, el truco está un poco visto.

Vamos, que menos de que el presidente de los futbolistas está imputado por apropiación indebida (insisto en lo de imputado, lo de apropiación y lo de indebida), se habla de todo. Claro que visto que el presidente del Sevilla está condenado a la cárcel y ahí sigue domingo sí domingo también, el de la Federación Española le dice al del Barcelona que no le puede dar más (a saber de qué, que lo mismo son pipas, pero mosquear mosquea un rato) y todos acusan a los árbitros de sus derrotas, pues… pues a lo mejor es que tenemos el fútbol que nos merecemos. El que entre todos hemos contribuido a construir y a mantener. Un fútbol donde se pasean delincuentes de corbata al cuello, presuntos delincuentes también con corbata y a nadie le importa.

Pues qué quiere que le diga. Me parece lamentable que esto esté así y aún no hayan rodado cabezas (presuntamente, pero alguna tiene que caer) o nadie haya puesto el grito en el cielo o que los propios futbolistas hayan dicho que a la próxima huelga va a ir su padre y que se vaya largando presuntamente y que venga otro rápidamente hasta que el presunto pueda volver si es que puede.

Total, mientras un señor argentino se emocione porque su equipo va eliminando al equipo italiano que le ha dado una placa porque jugó con ellos hace seis o siete años, tenemos tema de conversación para el café de media mañana. Y como ya llega el fin de semana, toca preocuparse por si la uña de Özil acaba siendo más importante que las palabrotas de Clemente, la media de Messi o el último tatuaje de Benzema, que se lo hizo porque se aburría ahora que vino lesionado de Moscú.

Presuntamente.

 

 

EL NIÑO QUE TENÍA UNA BANDERA

Sucedió el sábado, pero ha salido a la luz hoy lunes, cuando se hacen los análisis más o menos sesudos de la jornada. Bueno, y cuando termina, que la mamarrachada de hacer jugar un partido el lunes… pero en fin, no nos encendamos con esto, encendámonos con lo que pasó en el Reyno de Navarra, el campo del Osasuna.

El sábado jugó y ganó allí el Real Madrid (1-5), pero el partido venía caliente. Osasuna no tiene en mucha estima al Madrid, entre otras cosas supongo que porque hace años una banda de neonazis asesinó a un joven hincha de los navarros en la capital y ese tipo de cosas crea un poso que no se olvida nunca. El caso es que los partidos en Pamplona son duros y el Madrid no se encuentra allí con un campo ni una afición amigable o, al menos, tranquila. Pero a veces se cruzan determinados límites que no se deben cruzar.

Y uno de ellos fue el sábado, cuando un grupo de aficionados radicales obligó a retirar una bandera del Real Madrid (http://www.as.com/futbol/articulo/osasuna-pide-disculpas-actitud-algunos/20120402dasdasftb_41/Tes) a unos aficionados blancos… entre los que se encontraban varios niños. Y que un grupo de aficionados, del equipo que sean, más o menos radicales, mejores o peores, con antecedentes o sin ellos, borrachos o sin emborrachar… como quiera que sean o estén, obligue a unos niños a quitar una bandera, me parece lamentable.

Si ya es bastante malo que críos de cuatro o cinco años vean a sus propios padres gritar como energúmenos el consabido “árbitro hijo de puta”, o vean lanzamientos de bengalas, o al vecino de silla blasfemar en todos los idiomas, o tengan que escuchar gritos como el “remátalo” cuando un contrario está en el suelo… que tengan que vivir esto es completamente despreciable. Porque los niños siguen a un equipo porque alguien juega bien (hoy todos los niños son Messi), o porque es el equipo de papá, y también les cae mal (me niego a usar el término “odia”) el equipo que le cae mal a papá. Pero no saben más, ni quieren saberlo, porque para ellos el fútbol es eso, un juego divertido donde se trata de pasarlo bien. Es imposible que con cinco o seis años conozcan las rivalidades sociales y económicas de un Ajax-Feyenoord, las religiosas de un Celtic-Rangers o las ideológicas de un Lazio-Roma. Y esta vez pongo el ejemplo del Ajax porque en un partido entre ambos, hace años, se produjo la imagen que más me ha impresionado en un campo de fútbol, y es ésta; el gesto que le dedica un niño de Rotterdam a un jugador del Ajax:

Niño de apenas cinco años seguidor del Feyenoord

Que no me digan que el niño (por Dios, si no tiene ni cinco años) no ha copiado lo que ha mamado en el campo, en su casa, en su colegio o donde sea. Que me lo discuta alguien, pero no me harán creer jamás que ese gesto surge por generación espontánea. Y como ese, todos los demás. Un jugador de alevines no insulta al árbitro si su entrenador, su padre o sus vecinos del quinto que han ido a verle no lo hacen. Un niño al que hoy no le quitan su bandera no se la quitará a nadie mañana.

Hecha pública y anunciado a los cuatro vientos la agresión, pues como tal la entiendo, ambos equipos han reaccionado: el Real Madrid, invitando al padre y los niños a ver el partido frente al Apoel de este miércoles en un palco. El Osasuna emitiendo un comunicado de repulsa por el incidente y pidiendo disculpas por lo sucedido:

Ante los lamentables hechos acaecidos el pasado sábado, 31 de marzo, en nuestro estadio, reiteradamente difundidos por diversas televisiones y medios de comunicación, el Club Atlético Osasuna desea manifestar lo siguiente:

1. Condenamos de forma enérgica y rotunda esta injustificable actuación y, por descontado, desagraviaremos a las víctimas haciéndoles llegar el afecto y la solidaridad tanto del Club como de los osasunistas.

2. El Club Atlético Osasuna, en coordinación con la autoridad competente y una vez esclarecida la autoría y la responsabilidad de tan lamentables hechos, actuará en consecuencia, dentro de sus facultades, tal y como ha sucedido en anteriores ocasiones y tal y como, por desgracia, sucede de modo habitual en todos los estadios españoles.

3. El Club Atlético Osasuna quiere dejar constancia de que la horrenda conducta observada en la grabación es, obviamente, por completo ajena al resto de socios y aficionados osasunistas, y no tiene nada que ver con el modo ejemplar en el que en nuestro estadio se vive el fútbol y se alienta a nuestro equipo.

4. El Club Atlético Osasuna quiere, igualmente, señalar que alrededor de este execrable incidente se han realizado por determinadas personas y en determinados medios de comunicación afirmaciones falsas respecto a las cuales se reserva las acciones legales pertinentes.

5. El Club Atlético Osasuna hace un llamamiento a los aficionados al fútbol y a los agentes sociales vinculados al mismo a una profunda reflexión que nos permita caminar hacia la efectiva erradicación de la violencia, el racismo y la xenofobia en nuestros estadios.

El problema es que el daño ya está hecho. Porque los adultos que le quitaron la bandera al niño del Madrid no se pararon a pensar en lo que hacían, pero tampoco les importó que fuesen niños esperando para ver a su equipo. Ni probablemente les importe con el siguiente que lo haga, y el problema es que cuando llevar una bandera de un equipo a la fiesta que debe ser un partido de fútbol se convierte en provocación para el de enfrente, todo deja de tener sentido.

A mí no me gusta la imagen del niño del Feyenoord. Espero que a quienes puedan evitarla en el futuro (directivos, jugadores, entrenadores, periodistas, aficionados, padres, profesores, autoridades…. ) tampoco les guste. Y que hagan que jamás vuelva a repetirse ni la pelea por la bandera ni el gesto de odio en unos niños que deberían ir a comer pipas, balancear los pies en su asiento y gritar gol cuando alguien sea capaz de marcarlo.

 

 

SEGUNDA VUELTA Y CADA UNO EN SU SITIO

A falta del Osasuna-Atlético de Madrid (¿cuándo se acabará la patochada de jugar los lunes, por favor? Que como broma ya hace tiempo que ha dejado de tener su gracia…) ya están todos los equipos inmersos en la segunda vuelta de la Liga, vuelta que además tendrá que correr porque luego hay Eurocopa y hay que descansar antes de irse a tierras lejanas a defender el título. Y, a estas alturas de la competición, cada uno está donde tiene que estar. Y me fastidia, porque el mío está el penúltimo, pero…

De Madrid y Barcelona hemos escrito todos hasta aburrirnos, que yo creo que hasta ellos mismos están hartos de verse. Los blancos van líderes porque los azulgrana se han dejado seis empates en el camino y eso, a la larga, se nota. Y porque todo pasa, y el paseo militar del Barcelona ya no es tal y el Madrid se ha encontrado con que en esta Liga sólo hay uno que pueda toserle. Mucho, pero sólo uno. Ha perdido dos partidos, sí, pero no le han hecho daño ninguno de los dos y ahí sigue, camino de otro título si una debacle no lo remedia.

Valencia vuelve a ser el líder de los demás, algo también más visto que los tebeos de “Hazañas Bélicas”; por encima de todos pero por detrás de los grandes. El Levante ha dejado de ser una sorpresa, porque ya se sabe que lo que está haciendo es acumular puntos para ahora, cuando ya no hay Copa y el sueño europeo vuelve a ser un sueño porque los demás empujan y porque su equipo puede que tenga la gasolina justa, pero al menos han cumplido con sus deberes, han dado sustos a todo el mundo y han hecho soñar a su afición, ¿qué equipo no firmaría eso? Es más, ¿qué afición no lo haría? Español y Atheltic se han colado ahí arriba, los primeros jugando eficazmente y los segundos aprovechando la solidez de los últimos años y a Llorente, que no se sabe cómo pero sigue marcando goles de cabeza tras rematar solo, y eso que se le ve bien en el campo. Por detrás de ellos viaja el Málaga, presunto desafío al poder pero que ha descubierto que con un buen bloque de veteranos contrastados se llega lejos, pero tampoco tanto. Otra cosa es que el Van Nistelrooy de hace cinco años se hubiese encontrado con el Cazorla de la Eurocopa; al final va ser que todo es cosa de matemáticas y de fechas, pero no creo que se quejen mucho después de las agonías de otros años por salvarse.

GetafeOsasuna y Atlético de Madrid respiran tranquilos. Los dos primeros porque están muy cómodos y el último porque antes de un ataque de histeria se respira hondo: llegó Simeone a una jaula de grillos y al menos calló la boca de la gente, pero ya no están ForlánAgüeroDe Gea ni Reyes y lo que seguían diciendo que iba para Champions está en mitad de la tabla, apurando sus opciones de Europa League para el año que viene si es que le quedan. Y eso en un club tan propenso a los desbarajustes como el rojiblanco, quiere decir que en breve tendremos movida.

El Sevilla va a lo suyo, queriendo y no pudiendo. Diciendo que es un grande pero jugando como un pequeño, exigiendo el respeto a un segundo pero siendo el undécimo. O sea, lejos de lo que su planta “noble” (y lo pongo entre comillas porque su presidente ha sido condenado a la cárcel, y eso no es muy noble precisamente) quiere, pero parece, veinte partidos mediante, que cerca de lo que su plantilla da. La Real Sociedad se gusta, se mantiene, se entretiene y reza para no pasar el susto del año pasado, aunque tampoco puede respirar mucho porque sólo hay cuatro puntos entre ella y el último que baja. El Betis empezó muy bien y se desinfló y el Rayo empezó y sigue a trompicones, pero oh casualidad, se han encontrado en el camino y los dos luchan mirando de reojo hacia atrás, por aquello de ver la que se nos viene encima.

Y se les vienen MallorcaGranada y Racing, a saltos, a golpes y a lo que sea con tal de huir de la quema, esa que dice que pueden acabar en Segunda allá por mayo. Para eso, el Villarreal tiene que carburar de verdad, porque aunque no tiene la plantilla de hace un par de años, tampoco es que sean tan malos; pero no dan una a derechas, lo que arregla un domingo lo estropea el miércoles siguiente y cuando alguien pide calma ante los micrófonos otro dice que hay que dejarse de hablar y hay que jugar. A ver en qué acaba la cosa, pero a lo peor el año que viene hay duelo de aspirantes a todo… con el Depor en Segunda. Una Segunda a la que no quiere bajar el Sporting, que me recuerda a ese adolescente que ha suspendido cuatro, que sabe que no puede volver a hacerlo, que quiere estudiar y aprobar pero que cuando llega el examen, suspende. Y lo pasa mal, sufre como el que más porque él no quiere estar así, y los demás le creemos y le apoyamos, pero como siga sin cambiar las cosas le veremos en la playa con los libros. Al Zaragoza no se sabe si llegaremos a verle, tal y como está, arruinado, colista, con directiva y afición enfrentadas, sin ritmo, sin ideas y sin nada; parece ser el único que lo tiene claro, de tan negro como lo tiene.

Lo dicho, aunque me duela por ese estudiante que suspende, me da que cada uno está a estas alturas donde debe…

 

 

EL MIRANDÉS YA NO SUEÑA, ESTÁ DESPIERTO

Grande el Mirandés, sí señor. 2-1 eliminatoria volteada, Español eliminado y equipo de Segunda B que se pone en semifinales de la Copa del Rey. Apelando además a la épica a la que llegan muchos de estos humildes que ven en esta competición una oportunidad de mostrarse ante todo el mundo. Lo hizo el Numancia en su día, lo volvió a hacer el Alcorcón con su ya mítico 4-0…

Ahora ha sido el turno del Mirandés, que ha eliminado al Español cuando parecía que lo tenía todo perdido: los periquitos habían remontado el partido de ida convirtiendo un 0-2 en un 3-2 y además se adelantaron en el marcador. Luego llegó el empate, sí, que ponía emoción, hasta que llegó el agónico 2-1 como manda la heroica: en el descuento, con las gradas a punto de reventar de puro nervio y cuando, ahora sí, parecía que el sueño llegaba a su fin.

El Mirandés quiso seguir soñando y al menos lo hará otros dos partidos. Puede que se le cruce el Barcelona, o el Valencia o el Athletic, tres rivales de cuidado que, siendo superiores al Racing y al Español, parece que se le van a atragantar definitivamente; puede que alguien malpiense que le “dejen” llegar a la final para que se encuentre allí con el Barça y así los blaugranas puedan ganar otro título, o que se deje todo en manos del azar. Puede incluso, que alguien piense que se proclamará campeón de Copa.

Tal vez. Pero, de momento, lo único que podemos hacer es soñar; disfrutar de una competición que se empeña en dar grandes momentos por más que la quieran enterrar en un caótico calendario, horarios infames, largas eliminatorias y presuntos sorteos dirigidos. Soñemos, pues, con el Mirandés, como hicimos con los otros que animaron este torneo viniendo desde abajo. Al menos dos partidos más.

PD – Me apunto en el debe la Copa de África, que ya ha empezado, me encanta y aún no he hablado de ella. Y también la tontería de no dejar pasar a las radios a los campos. Pero claro, antes de todo eso hay otro Barça-Madrid

 

 

SI JUEGA PEPE…

Como habrá sesudos análisis del partido y grandes debates hasta que se dispute el de vuelta, el Real Madrid 1 – Barcelona 2 de esta noche va a cabar por aburrir a las piedras. Así que me limitaré a comentar, a lo Mou, una rueda de prensa llena de preguntas:

¿Por qué salió de mano con Altintop, que no juega y no es lateral derecho? ¿Por qué entró Carvalho, que no la huele desde septiembre u octubre? ¿Por qué un presunto superequipo nota tanto las bajas de dos laterales? ¿Por qué sus cambios hacen que se tenga que reordenar todo el equipo de arriba a abjo? ¿Por qué puso a Pepe otra vez en el centro del campo? ¿Por qué nadie es capaz de decirle a Pepe que se deje de pisar a contrarios y de dar patadas y se dedique sólo a jugar al fútbol, que sabe hacerlo? Es más, ¿por qué sigue Pepe en el Real Madrid? ¿Por qué Sergio Ramos tuvo que cubrir su zona, la del de al lado y la de el del al lado de su lado? ¿Por qué la anécdota de los goles de cabeza recibidos en jornadas anteriores ya no es una anécdota, sino una mala defensa? ¿Por qué semejantes jugadores se limitan a esperar al contrario en lugar de luchar por la pelota y ponerse a jugar con ella,  que saben tanto o más que los de enfrente? ¿Por qué ayer noche Coentrao sí valía? ¿Por qué no crearon peligro real, de verdad?

¿Por qué al Barça le basta con esperar media hora a que se le funda el misterio al Real Madrid? ¿Por qué los blancos son tan maravillosos hasta que juegan contra ellos? ¿Por qué saben a estas alturas que les basta con aguantar y sacar dos chispazos para darle la vuelta a la tostada? ¿Por qué hasta sus defensas son capaces de marcar? ¿Por qué no se nota que falta un portero de la talla de Valdés? ¿Por qué…?

Podríamos seguir, pero, la verdad, me pregunto por qué. Porque aunque Morurinho se enfade, que se enfadará si lo lee alguna vez, la verdad es que un Real Madrid como el que tiene no puede jugar así ante el Barcelona. No se pueden tener jugadores de esa talla apretujados en dos líneas esperando que todo un Cristiano Ronaldo cace algún pelotazo y que la frágil, cada vez más frágil cabecita de Pepe decida aguantar un partido entero. Eso lo podría hacer el Mirandés, que curiosamente no lo ha hecho, pero no un Real Madrid. Y no por señorío, o por historia o por cualquier cosa de éstas, si no porque realmente tiene jugadores que valen mucho más que todo eso. Faltará que sea su técnico el que se de cuenta.

 

 

PUES LA LIGA VA A SER MALA, SÍ

Ha vuelto la Liga, y el Real Madrid ha ganado 5-1 al Granada. Esto, que entra dentro de la lógica, hace ver una vez más cómo está el patio realmente y dónde estamos. Si un equipo como el Madrid al que alabamos todos marca tres en apenas diez minutos al Granada, pero a cambio se pasa rascándose la barriga buena parte del encuentro, deja que le metan uno (el delantero granadino remató solo, pero solo solo) y no le metan un par de ellos más porque Casillas es quien es, es que algo no va bien.

Y no me refiero al Madrid. Me refiero al hecho de que al equipo blanco le baste media hora para sentenciar y de qué forma su partido frente a un rival de Primera División. Media hora a éste, porque otras veces le ha valido con un cuarto de hora y otras ha necesitado algo más, sí, pero tampoco demasiado. A esto le sumamos que el grupo que ha tenido de Champions ha sido bastante blandito para ellos (a día de hoy ni Ajax, ni Lyon ni mucho menos Dinamo de Zagreb son rivales para los blancos), tenemos un equipo apañado que resuelve sus compromisos al trantran. Porque los más complicados que ha tenido, contra el Barcelona y el Málaga en la Copa, los ha resuelto perdiendo el primero y ganando a base de coraje y pegada el segundo.

El Madrid no es el problema, ni tampoco su juego. Es un síntoma. El síntoma de que con hacer eso le basta para pasearse (sí, pasearse, se pongan los demás como se pongan) en casa y para llegar bien lejos en Europa, hasta que se cruce con alguno de verdad que le exija utilizar el potencial que tiene. Y en el caso del Barcelona es más de lo mismo, porque está en su misma Liga y porque tampoco ha tenido que hacer grandes esfuerzos continentales: sólo el Milan le opuso algo de resistencia, porque ni Viktoria ni Bate Borisov le llegan a la altura de los suplentes, el qatarí del Mundialito menos todavía y el Santos era más fuego de artificio que otra cosa.

El otro síntoma son las declaraciones de los entrenadores. Que un técnico, tras perder cuatro a cero en Copa, hable más de si el contrario dijo que tal jugador no iba a estar y luego estuvo, es un síntoma muy feo. Que ellos mismos digan cada dos por tres que Madrid y Barcelona están en otra lugar diferente es otro síntoma, como si realmente no estuvieran en su misma competición.

Ese es el problema. No que seamos como Escocia, ni que todo el mundo se deshaga en elogios hacia la liga inglesa o que echemos de menos al Villarreal de Riquelme o al Depor de Fran y Mauro Silva. El problema es que todo el mundo da por hecho que hay dos que son intocables y que nadie parece intentar cambiar las cosas. Para esto, la verdad, no hacía falta parar un mes la liga y esconder a traición (a las diez de la noche de la víspera de Reyes; vamos, ni a propósito) una de las pocas eliminatoria de Copa con cierta enjundia, el Valencia-Sevilla. Para esto, la verdad, no merece la pena tampoco ni mirar el partido, porque ya sabemos cómo va a acabar la cosa… antes incluso de que empiece.

 

 

EUSKADI 0 – TÚNEZ 2

Con la Navidadllega la época en el que el fútbol, incomprensiblemente, se para (cuando la gente tiene vacaciones, puede ver partidos por la tele hasta tarde, los niños pueden ir a los entrenamientos con sus papás… en fin) y aparece, mitad para reivindicar mitad para estar entretenidos, el maravilloso mundo de las selecciones autonómicas.

Al estar este hermoso país dividido en autonomías, un montón de territorios que cada vez tienen más cosas independientes del estado y que además, cada vez quieren más, no es extraño que apareciesen. Y como setas, que en el año 2001 todas tenían su equipo regional. El paso de los años ha dejado a algunas por el camino, por aquello de que tampoco era para tanto, y así nos ahorramos pestiños como Murcia-AzerbayánLa Rioja-Marruecos o Castilla La Mancha-Guinea Ecuatorial. Que como exóticos son un huevo, pero como espectáculo futbolístico… en fin.

Pero siempre las hay más reivindicativas. Euskadi o el País Vasco, como quiera, y Cataluña son las más beligerantes, las que siempre están ahí, esperando un fecha libre en Navidad para desplegar su pancarta y reclamar el derecho a un Cataluña-Italia en la próxima Eurocopa, obviando que entonces sus clubes tendrían que jugar en su región y que un Madrid-Barça, por ejemplo, sólo se podría ver en duelo europeo. Eso si logran el coeficiente suficiente para jugar la misma competición y sorteos mediante.

Europa aparte, que sería otra cosa de la que discutir largo y tendido, la cosa que nos ocupa es el partido que jugó el País Vasco, o Euskadi, me da igual, contra Túnez y que acabó con victoria de los norteafricanos por 0-2 en San Mamés. Orgullo herido aparte, me hace gracia que el partido dejase abucheos para Xabi Alonso, centrocampista del Real Madrid (por eso le pitan) e insultos para Aguirreche, de la Real Sociedad. Tras repasar la alineación de los vascos, resulta que al que han abucheado es a un campeón de Europa con el Liverpool, y campeón de Europa y del Mundo con España entre otros títulos, y, de largo, el que mejor palmarés tiene de todos los que jugaron el partido, que fueron unos cuantos: 42 entre los dos equipos.

Cáscaras, qué curioso, que diría un amigo mío. O sea, que se juntan para reivindicar su selección y abuchean al mejor que tienen. No lo entiendo. En lugar de agradecer que juegue, aunque sea poco, que esté ahí con ellos, recordando su origen y su tierra, le silban y abuchean. Es para pensárselo, porque si llega el caso de haber algo en juego más allá de una pancarta reivindicativa al empezar, y el partido acaba con derrota ante Túnez, habría dos cosas que analizar cuidadosamente: cuál es el verdadero nivel de la selección, si pierde ante una “potencia” como la tunecina, y por qué su mejor jugador tiene que ser, precisamente él, el que oiga los abucheos.

Tal vez sea yo, pero tal vez el invento haya que replanteárselo. O Alonso sea el que tenga que replantearse algo; o el público que va tenga que replantearse por qué pitan precisamente a ése. Pero me da que para seguir así, no merece la pena esperar al año que viene.

Claro que… tal vez sea yo; que no estuve en el campo.

 

 

LUIS “INAPROPIADO” SUÁREZ

Menudo carrerón lleva Luis Suárez en el Liverpool. Lo de este hombre es para hacérselo mirar; de acuerdo que como tantos otros (leáse IbrahimovicPepeTévez y alguno más), pero es que en su caso no sale de una para caer en otra. Literalmente.

A la joya uruguaya, que fue uno de los destacados en el pasado Mundial de Sudáfrica, donde su selección terminó tercera, le cayeron ocho partidos por insultar a Patrice Evra. Insultar de un modo racista, claro (Evra es negro), porque del otro modo más habitual al francés le llevan poniendo a parir desde el susodicho mundial, cuando toda Francia le señaló como culpable del ridículo de su selección y le puso tibio. Pero tibio, tibio; que menos mal que juega en Inglaterra, vamos. Pero es negro, y parece ser que Suárez se lo recordó con mala leche y algún tipo de adjetivo delante y detrás de la palabra que hacía mención al color de su piel. Y como lo hizo en la caballerosa Inglaterra, que cuando quiere es la más limpia y digna de Europa, pues sanción por racista y a callar.

Y cuando vuelve, le cae otro partido por conducta impropia. Que el chiquillo le hizo un gesto muy feo a los aficionados del Fulham que le estaban llamando de todo menos bonito. Que yo le habría metido uno más, por idiota, a ver si así va aprendiendo y se pone a lo que se tiene que poner, que es a jugar al fútbol y a callarse la boca y a guardarse los deditos en el pantalón. Que si llegaba a Inglaterra con fama de bueno pero blando, ahora además se está construyendo fama de bocas y además de polémico.

El Ajax lo traspasó cuando todo el mundo daba por hecho que se le había pasado el arroz, porque no había hecho su mejor temporada en el club de Amsterdam. Pero lo vendió bien, a un precio razonable para un jugador de sus características y su calidad, y se deshizo de su estrella entonces. Pero ser estrella en Holanda no es lo mismo que en Inglaterra. Y la Premier tiene una competición donde es cierto que aplauden un simple cruce de un defensa que corta el balón (lo cual anima mucho al defensa, para qué negarlo), pero también se estiran mucho cuando del decoro inglés hablamos. Y ahí es donde Suárez no está nada fino.

La verdad es que con esta carrera, confieso que estoy ansioso por ver cuándo vuelve a los terrenos de juego. Para ver cuánto tarda en volver a irse, claro…

 

 

MISERIAS A LA FRANCESA

Lleva tiempo cociéndose, como en la buena cocina a fuego lento, la desgracia para la Francia futbolera. Lleva mucho tiempo, casi desde la Eurocopa de Holanda y Bélgica 2000, una competición en la que la selección del gallo fue sobrada, sabiendo que iba sobrada y sobrándole partidos y rivales. España le metió el miedo en el cuerpo un poco, sí, pero aquella España no era la de hoy, que le habría metido más, y luego se las vio con Italia en una final, lo cual es mucho decir, pero ni con esas. Aquella Francia era muy buena, un paso por encima de los demás, y además tenía a Zidane. Pero ya entonces empezó a echar los ingredientes de su receta para quedar, diez años más tarde, exprimida completamente y hecha unos zorros. Vamos, que estuvo cocinando “huevos esgonciaos” y le salieron estupendamente.

En una selección con Zidane, Djorkaeff, Lizarazu, Blanc, Desailly o Barthez, en su momento estrellas de relumbrón, era Didier Deschamps quien mantenía cosido al equipo. El centrocampista de la Juventus, que fue en su momento el jugador en activo con mejor palmarés, capitaneaba un equipo con jugadores procedentes de casi todas partes del globo, que jugaban repartidos por toda Europa y que se juntaba los fines de temporada para vestirse de azul. Pero a medida que se fueron marchando, como un goteo, Francia fue perdiendo algo de cada uno de tal forma que le fue dejando en lo que es ahora: un equipo sin alma, sin juego colectivo, sin individualidades que marquen la diferencia y completamente roto por dentro.

Sí, en 2006 llegó a la final del Mundial, amparada en Zidane, en un Ribery que tenía fuerza en las piernas y en un Henry que al menos asustaba; pero ya entonces aquello tenía visos de que no iba a terminar bien. Que tu líder, capitán, referencia absoluta y según las malas lenguas entrenador (la comidilla era que los jugadores pasaron de su seleccionador, Raymond Domenech, y sólo hacían caso a Zidane) juegue su último partido profesional en una final de un Mundial y lo acabe expulsado por darle un cabezazo a un defensa porque se metió con su hermana… pues a mí me habla a las claras de que la poca cabeza demostrada por el jefe era la demostrada por todos.

El estallido fue en el pasado Mundial, cuando la selección gala hizo el absoluto ridículo negándose a entrenar, con desplantes continuos y un juego pésimo, por no hablar de su escandalosa clasificación con un gol en el descuento, conseguido en fuera de juego y luego con la mano, robando descaradamente a Irlanda con el beneplácito de la FIFA y la UEFA (qué curioso, ¿verdad, señor Platini, presidente francés de la UEFA? ¿A que alguien hubiese repetido el partido si llega a ser al revés?). Prueba de su desquiciamiento es que cuando por fin salió al campo Gorcouff, reclamado por todo el país, duró veinte minutos, el tiempo que tardó en sacar a pasear su codo y estrellarlo contra un rival.

Así las cosas, con los jugadores enfrentados unos a otros por su origen, los clubes y la afición dándole la espalda y las demás selecciones mirándoles sin respeto, no es de extrañar que Abidal haya rechazado ser el capitán. Dice poco de él, muy poco, que con su trayectoria y palmarés no quiera coger las riendas del equipo, pero a la vez es hasta comprensible. Claro que lo es menos si no renuncia a ir con Francia este verano a la Eurocopa. La frase de “si tengo algo que decir sobre un punto en concreto, lo diré sea capitán o no”, queda muy bien para tratar de demostrar que se tiene personalidad y todo eso, pero en realidad es bastante tópica, suena a advertencia de bar con el dedo apuntando al otro y no aclara mucho acerca de lo que se podrá cocinar en Francia este verano.

Si él, o veteranos como él no dan el paso al frente que necesitan, probablemente veamos un nuevo estallido francés que, eso sí, divertirá a quienes no son seguidores suyos. Si él o veteranos como él se evaden de peleas internas (o toman parte en ellas, que es peor, como en los casos de Evra o Nasri) y se limitan a correr por el campo esperando que Benzema se transforme en una especie de Van Basten de Lyon, es muy probable que la Francia que conocimos en el 98 se quede en el recuerdo. El problema para ellos es que se quedará en un recuerdo tan lejano como la del 84, de la que hoy nos acordamos de cuatro o cinco y de que ganaron, no de lo que realmente hicieron. Y eso debería hacerles pensar un poco en si quieren que se les vea como una selección o como los herederos de un campeón del Mundo y de Europa, que lo fue no hace mucho.

Claro que me da la sensación de que eso les daría muy poco que pensar. Si lo hace…

 

 

LA RESACA DEL ABUELO

La noche de Champions ha sido como una de esas veces que se queda con tres amigos, se sale a picar algo y tomar un par de cervezas y se acaba cantándole a la luna a las cuatro de la mañana, apoyándose unos en otros para no caer. Es decir, un cómo he podido llegar a esto si yo ya me iba hace dos horas.

Que se lo digan, si no, al Genk belga, que llegaba a Mestalla en busca de un propicio escaparate ante un rival que estaba casi más pendiente de lo que hiciesen Chelsea y Bayer Leverkusen. Y de repente se pone a jugar, mete siete (siete, que en fútbol sala es normal, pero aquí es de ésas de guardar para verlo más veces), manda a los belgas de vuelta a casa con un bofetón y deja a ingleses y alemanes más que preocupados. Porque si el grupito tenía su gracia antes de empezar, ahora que queda una jornada y hay tres equipos con posibilidades, las bofetadas pueden ser más que metáforicas, entre ataque de nervios y ataque de nervios vía radio, internet, twitter o lo que usen ahora en los banquillos para enterarse de los resultados de los otros partidos.

O al Apoel Nicosia, que pasaba por aquí. Salió a tomar algo  clasificándose para la liguilla; se quedó a cenar, cuando empezó a darse cuenta de que su grupo era facilito (Shaktar, Zenit y Oporto, tres que jugaban muy bien… hace dos años) y acabó cantando la serenata cuando, a falta de una jornada, va líder. Un equipo chipriota deja por detrás a un campeón de Europa y dos campeones de la Europa League. Con un par.

O al Ajax y el Lyon, que, como esos que tienen que terminar un trabajo para mañana, deciden entregarlo el jueves. Total, hay tiempo… Empataron a cero en el primer partido y lo volvieron a hacer en el segundo, así que los holandeses necesitan un punto frente al Madrid, los franceses una goleada ante el Dinamo de Zagreb y que los suplentes blancos planten cara y no la pifien en Amsterdam; es decir, exactamente lo mismo que antes de empezar esta jornada, como si no hubieran jugado.

A quien a lo mejor sí le apeteció jugar hoy fue al abuelo, al Milan. Ese amigo que hace mucho que no sale, que siempre contaba batallitas y que, hoy que su mujer está de viaje y los niños con la abuela, decide salir a tomar algo y, quizá a cenar. Y luego acaba de copa en copa, trasteando el alcohol como puede (que ya no puede como antes) pero, a la vez, dejando destellos de lo que fue y de que, como alguien se descuide, volverá a serlo. El Milan de los abuelos aguantó al galáctico Barcelona, le empató, le protestó, le cosió a patadas, le apretó y a punto estuvo de empatarle otra vez. Como antes, como si de repente la vieja guardia, que en este caso son casi todos, decidiera que esta era una buena noche para recordar viejos tiempos, esos en los que sólo ver su camiseta imponía respeto. Y cuando esa camiseta se movía, imponía algo más.

El Milan será segundo de grupo y, por tanto, un regalo envenenado para el primero con el que se cruce. Está gastado, muy gastado, como producto de una nula política de regeneración y de haber fichado a jugadores en su cuesta abajo, pagándolos además a precio de oro. Pero tiene orgullo, tiene destellos de calidad y tiene una camiseta que da valor a quien la lleva. Y tirando de ese orgullo y de lo poco que le queda en las piernas ha sido capaz de llegar a estar, otra vez, entre los 16 mejores del continente. Quien se cruce con él lo pasará mal y, aunque probablemente gane y elimine a los italianos, se acordará de ellos en la siguiente ronda, en forma de patada que aún duele, de cansancio, de tarjeta amarilla inoportuna… De cualquiera de esas muchas cosas que hay en el fútbol.

Como cuando, al día siguiente de esa cena y esas copas imprevistas, sales con las gafas de sol puestas y la cabeza a reventar y te cruzas con el abuelo que ayer estaba cantando en la barra a tu lado: tiene una resaca peor que la tuya, pero está corriendo detrás de los niños, tomando un aperitivo y hablando por el teléfono móvil, todo a la vez. Porque será abuelo y, al igual que el Milan, no podrá llegar más lejos; pero irá hasta donde pueda, hasta el final, y lo hará con el orgullo de los viejos leones.

 

 

PUES VAYA CUMPLEAÑOS

Hemos podido ver cómo en algunos medios hoy se recoge la “noticia” de que es el aniversario del 5-0 que le metió el Barcelona al Real Madrid el año pasado. Aprovechan los unos (los azulgranas) para recrearse y los otros (los blancos) para afirmar con orgullo que nada es como antes y que ahora son ellos los que van por delante y los que juegan mejor y los más guapos, y…

En fin, que quizá sea porque el Rayo Vallecano es poco para captar la atención de todo un Barcelona, y eso que juegan hoy, pero me parece un poco tontorrón andar celebrando un 5-0. Que sí, que se lo han metido al Real Madrid, al eterno rival, y que si es un símbolo y que si tal y que si cual, pero a mí, la verdad, no me parece de equipo grande. Y el Barcelona lo es (basta con echar un vistazo a su palmarés y a quién es en España y fuera de ella), así que no entiendo que pierdan el tiempo celebrando un 5-0 que no les supuso un título o algo así. Fue un resultado rotundo, producto de la amplia diferencia entre uno y otro en aquel entonces, pero nada más. Que el aficionado lo recuerde no sólo está bien, sino que además hasta es sano y da mucho pie a las tertulias de barra; pero que desde el club de turno (los dos, en este caso) y sus medios afines se vuelva y se celebre que hace un año se ganó 5-0… aunque peor es el que lo saca a relucir para decir lo bien que está ahora. No seas tonto, que hay mucha gente que no se acordaba de él (es lo que tienen los maratones de partidos que hay a lo largo del año, que se olvidan todos a la velocidad del rayo), y límitate a decir que ahora vais como motos.

Los grandes no celebran cumpleaños pequeños. No los necesitan. Y los dos, y sus medios afines, necesitan que sus directores de comunicación sean un poco menos forofos y un poco más profesionales para imponerse y hacer ver a unos y a otros que el 5-0 fue el año pasado. Y que ahora, ambos tienen mejores cosas que hacer y mejores cosas por las que aparecer en los medios. Que para este cumpleaños no hacía falta ni tarta…

Y, como le dije a Bosingwa, este consejo es gratis. Pero sólo por ser el primero…

 

 

MÁS DE LOS MISMOS

Tanto ruido para al final acabar como siempre. Es lo que se desprende de la terna de finalistas del Balón de Oro, que primero fueron 50, luego sólo 23 y acabaron por quedarse en los de siempre: Messi, Cristiano Ronaldo y Xavi. Y lo ganará Messi, que entre los que se gana y los que le dan, va a terminar por jugar al fútbol con sus nietos con balones de oro que perderán en el jardín sin preocuparse demasiado por ellos.

Pues, en fin, no sé. Esperaba otra cosa. Cierto, los tres han jugado de maravilla el pasado año y además dos se llevaron la Copa de Europa, que siempre pesa mucho, pero me da la sensación de que han ido a lo fácil, a lo que todo el mundo esperaba. Se han quedado mirando el escaparate y no han entrado en la tienda, lo cual está bien, porque lo del escaparate es bonito, pero tampoco es que sea una cosa que entusiasme.

Siempre se ha dicho que ha habido Balones de Oro inmerecidos, los más recientes los de Mathias Sammer (1996, cuando curiosamente había ganado la Champions y la Eurocopa de Inglaterra, siendo un puntal en ambas competiciones) o de Fabio Cannavaro en 2006 (que hizo una muy buena temporada con la Juventus y remató con un Mundial sencillamente espléndido). Otros años ha habido discusión, como en 1999, cuando ganó Rivaldo y en justicia debería habérselo llevado David Beckham, pero por aquel entonces al inglés ya empezaba a pesarle esa imagen de guapo y hombre anuncio que hizo que la gente se olvidara de que era un gran futbolista. De manera que da la sensación de que este año se han querido curar en salud. No vamos a arriesgar, no vamos a tratar de premiar a otro. Vayamos a por estos tres, que lo han hecho bien y que además tienen la ventaja de que nadie en su sano juicio les criticaría, porque no estamos hablando de tres paquetes, precisamente.

Sí, pero no. No se podrá decir que el que se lo lleve no sea un justo ganador, sea el que sea (aunque se lo darán a Messi; si se lo dieron el año pasado frente a Iniesta y Xavi, cómo no lo van a hacer este año), pero quedará flotando la sensación de que se ha cogido a tres comodines y se los ha puesto ahí para que se lo repartan. Porque son los mismos desde hace años y seguirán siéndolo mientras los escaparates en los que se mueven sean más grandes que los de los demás. A veces hace falta arriesgarse y asumir que no siempre la decisión de los jueces tiene por qué coincidir con la del gran público. Nedved, Cannavaro o Sammer pueden dar buena fe de ello y nadie se ha muerto ni se ha contagiado de nada porque un año hayan sido mejores que el resto. Que a veces pasa y a veces las grandísimas estrellas del firmamento pueden dejar de brillar unos instantes para que lo haga otra sin que el cosmos sufra ninguna implosión, explosión o destrucción.

A veces hay más vida aparte de los de siempre y de lo de siempre.

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