Goles para todos. ¡Por fin!

Europa ha vuelto a escena y además lo ha hecho a la grande, con unas semifinales que le reconcilian a uno con el fútbol absurdo, encorsetado y caguica que se ve casi cada jornada en casi cada liga. Por fin ha habido partidos de verdad, de esos que gustan y que encima tienen goles. Pero, como, estoy vago, en vez de escribir una larga perorata sobre lo bonito que es Liverpool del martes y no digamos el clasicazo europeo del miércoles, voy a limitarme a los análisis de los niños, esos que sólo preguntan cuántos han marcado.

LIVERPOOL-ROMA

0-0: La Roma sale tranquilita, contenta porque ha llegado hasta aquí cuando nadie daba un duro por ellos, ni en la fase de grupos ni mucho menos tras el cruce de cuartos. El castañazo de Kolarov al larguero a los diez minutos podía haber escrito otra película y haber dejado el caché de Salah en 40 kilos, pero…

1-0: El Liverpool se estira, corre y llega. Y marca, claro, un grandísimo gol del egipcio que hoy está en boca de todos y al que ya se empieza a ver con el Balón de Oro y la camiseta del Madrid puesta. Su precio ronda, al cuarto de hora de partido, los 150 kilos, porque parece que es un jugador que cotiza en Bolsa.

2-0: un gol al contraataque sencillo, con la picardía de levantar el balón por encima del portero, pero que todos los comentaristas del orbe ensalzan hasta decir basta porque lo ha marcado otra vez Salah. La Roma empieza a mirar el reloj.

3-0: bofetón así para empezar la segunda parte. Ahora ya los elogios hacia el Liverpool crecen como si nadie más hubiera jugado a esto a base de correr y lanzar gente por las bandas. que han sido muchos los que lo han hecho, lo que pasa es que ahora está de moda hacer el bobo con el balón en lugar de atacar y, claro, esto sorprende.

4-0: otro, con todo el campo cantando y de fiesta. La Roma empieza a dividirse entre los que dicen que dónde me he metido y los que creen que con un gol y un partido de por medio todavía se puede salvar la cara.

5-0: baño de ego para el Liverpool, fiestón en la grada, Salah que se va con la satisfacción del deber cumplido, los italianos que no saben dónde meterse y sale Perotti, un argentino de medio pelo al que le tocó la lotería cuando el Sevilla lo trajo a Europa hace ya tiempo. Y todavía quedan veinte minutos.

5-1: el gol del honor, dicen, pero algún italiano empieza a entornar los párpados. Si cae otro la cosa para la vuelta ya tiene otro aspecto. Y todavía quedan quince minutos.

5-2: penalti casi absurdo y casi polémico, pero penalti y gol italiano. Ya llueve menos para la vuelta, porque son tres de diferencia y además han metido dos en campo contrario. Algún inglés en la grada se lleva las manos a la cabeza, otros se asustan porque después de esa todavía hay alguna ocasión más y encima el portero de los ingleses tampoco está dando una lección de cómo se para. Algún italiano empieza a mirar de otra manera el marcador: esos 2 pueden ser un tesoro incalculable para la vuelta. Y a lo mejor Salah vuelve a costar sólo 40 millones.

 

BAYERN-REAL MADRID

0-0: otra vez estos dos, que siempre se cruzan antes del último escalón por más que la UEFA pagaría millones por tenerlos a los dos en la final, con los ojos de todo el mundo puestos encima. Y gran oportunidad desperdiciada por muchos que pasaron sin pena ni gloria, tipo James o Lewandowski, no digamos ya la cuesta abajo de Benzema que no me mete un gol ni a mí.

1-0: empezó la cosa torcida para los alemanes, que además de sus bajas (Neuer, Vidal, Alaba…) a los 6 minutos se quedaron sin Robben y no daban sensación de poder comerse al Madrid como antaño. Pero luego se aprovecharon de una catástrofe defensiva (Marcelo de turismo, nadie entra a Kimmich en cuarenta metros y Navas se tira al suelo antes de que tiren a puerta) y marcaron el primero. La cosa parecía que se torcía menos.

1-1: Marcelo decidió arreglar su parte del estropicio justo antes del descanso. Para cuando empezó la segunda parte, en un Bayern fundido (dos cambios por lesiones), ya sólo funcionaba Ribery, tirando de orgullo y clase entre patada y patada de Lucas Vázquez, que se lió a mamporros con él en una de cada tres jugadas del francés. De los demás, casi ni rastro.

1-2: un regalo de Rafinha (a éste el Bayern europeo le viene grande, me parece a mí) y tercera victoria madridista consecutiva en el campo alemán. Mucho toque, mucho achuchar pero poco más, salvado casi todo por un Ramos más italiano que nunca, soltando pelotazos a diestro y siniestro para liberar su área como hacía años que no se veía: a veces, una buena patada a tiempo te evita muchos problemas.

Casi 1-3: gol anulado a Ronaldo, que la pilló con el brazo. Para entonces ya se veía venir que el Madrid iba a ganar y que el Bayern va a empezar a tener problemas europeos, porque el grueso de su equipo ya es veterano y alguno está más pendiente de salir que de jugar y los demás parecen un peldaño por debajo. Al Madrid le bastó con defenderse, Cristiano incluido, y encomendarse a un par de buenas intervenciones de su portero, que para eso está, para salir más que vivo de Múnich.

Así que, si la lógica se impone, Real Madrid y Liverpool se enfrentarán otra vez, como en el 81, en una final. Si la Copa de Europa se empeña en seguir dando sorpresas, tal vez tengamos alguna, aunque las dos remontadas se antojan más que complicadas. Eso sí, al menos nos lo hemos pasado bien.

Que era lo que les pedíamos.

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