Queridos espectadores:

Soy yo, la Copa de Europa. O Champions, como me llamáis ahora, después de que me hiciera unos arreglillos allá por los noventa, que me dejaron bien guapa y todo eso, pero que no han cambiado ni un poco mi personalidad: me encantan las sorpresas y me encanta ser cruel a veces. No puedo evitarlo, soy como Jessica Rabbit, “no soy mala, es que me han dibujado así”. Y me lo he pasado bomba estos cuartos dando sorpresas y palos a todo el mundo. Incluidos vosotros, espectadores, que os creías que estaba todo hecho. Poco me conocéis…

Empecé por dejar la ida “resuelta” para casi todos, lo que también fue una sorpresa porque esas diferencias en rondas tan altas no son habituales. Y luego me puse un gintonic y me tumbé en el sofá a ver cómo otra vez era capaz de causar estragos casi sin darme cuenta. Qué caras de terror en el Bernabéu, qué alegría en Roma, qué nervios en Inglaterra… oh, qué gozada.

Confieso que tengo cierta inclinación por el Madrid, la Juventus y el Bayern, de todo el mundo es conocido que estos tres me encantan y me he citado con ellos en trofeos y finales mogollón de veces. Alguno más hay, como el Milan, con el que tuve un buen rollo la mar de chulo, pero nos hemos dado un tiempo y estamos más distanciados. O el Liverpool, que a veces aparece. Y cuando le vi el otro día me dije, pues tú, venga, vamos a armarla. Y se cargaron a un City sin alma, sin competitividad alguna y con un entrenador más preocupado de hacer cosas y demostrar que está en el banquillo que de ganar. Así que en cuanto el árbitro anuló un gol ya tuvo la excusa perfecta para protestar y echarle la culpa de su fiasco a todo el mundo menos a él, incapaz de aprovechar una plantilla que le han hecho a medida gastándose una riada de millones que valdría para comprar a media liga holandesa. Y luego salió hablando de los árbitros, que, aunque me guste el picante, me cansa un poco que millonarios que llenan sus equipos de jugadores sobrevalorados pagados a precio de oro le echen la culpa al que pita, y no a lo inútiles que son ellos mismos. Así que me lo cargué, como hice con el PSG, otro que tal baila. Me caía mejor cuando sólo tenía una Recopa, ya ves.

Entre sorbo y sorbo de gintonic me fui cargando también al Barcelona. No por nada, si no porque llevo casi una década oyendo lo de Piqué, Alba, Busquets, Iniesta, Messi… vamos, que podían cambiar un poco los nombrecitos. Así que, como ellos son fríos y juegan a mantenter el balón y poner posturitas y dar pases y todo eso, le puse delante a un grupo de romanos en plan “no la hemos visto más gorda en nuestra vida” y acabó la cosa en la cabeza de un griego, de esos que nunca se rinden. La remontada me encantó (echaba de menos a los italianos, tan condenadamente encantadores ellos) porque además era un bofetón a la directiva del Barcelona, que no ha podido hacerlo peor y que, de verdad, creo que cobra del Real Madrid. Desperdiciar a un tío como Messi, despilfarrar más de 200 millones en mindundis que no han demostrado nada y tener que jugarte las habichuelas, MIS habichuelas, con los mismos del Mundial de Sudáfrica… pues no me vale. Así que a la calle y a rincón de pensar, a ver si sois capaces de recomponer esto… si echáis a esa directiva, claro.

Y luego llegó el plato fuerte, entre dos de mis chicos favoritos. Como me había cansado de la chilena de Ronaldo, decidí que fuera la Juve la que se pusiera a jugar como sabe y además de meterle 3 le metiera el miedo en el cuerpo y luego el pánico al Madrid. Pero como soy caprichosa, puse un penalti para el final, así, en plan canalla, en el descuento, con polémica, porque me va la marcha. Y porque de esta forma hablarán mucho más de mí y de lo que ocurre cuando juntas a dos grandes, que se arma la de Dios. Me da la sensación, además, de que muchos se habían olvidado de que la Juventus es un grande de esto del fútbol y uno de mis grandes favoritos, que siempre la tengo a mano. Otra cosa es que el Madrid me haya hecho tilín desde hace más tiempo.

Al otro que me hace tilín desde hace mucho, al Bayern, se lo puse más fácil con un partido de esos de 0-0 que no molan mucho pero que son como de pasar la tarde, que bastante tenía con el pifostio que les monté a los italianos a esa misma hora. Así que al Sevilla le di una muerte digna, intentando crear juego mientras aporreaban a Lewandowski para que el Bayern no marcara, y a mis queridos alemanes los puse otra vez en semis. A ver qué hago con ellos luego, pero eso ya es otra historia.

Total, que me he quedado a gusto. Muy a gusto. Que echaré de menos a Buffon, que llevo viéndolo toda la vida y que espero que para las semifinales tenga tantas ganas de divertirme como esta semana.

Ah! y que a los entrenadores que sólo saben pedir millones y más millones de euros les quede una cosa clara: a mí se me gana jugando al fútbol. No estoy en venta.

 

 

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